Lúcuma
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Lucuma - capítulo 23

Erick conecta la guitarra, la afina. Omar se sienta y comienza a morder los tambores. Alejandro coge el micrófono y yo ahí parado te acaricio, acaricio la música.
Hay gente por los cuatro frentes del escenario, las luces se encienden, una luz roja cae chorreándose sobre la cara de Alejandro y él habla, habla bien, no dice ninguna cojudes, luego lo aplauden y comenzamos: SI -RE Bemol-MI-RE Bemol-tres veces, luego la cuarta aparece como un cierre como una especie de respuesta a las tres anteriores: SI- RE Bemol-MI-RE Bemol / MI-SOL Bemol-MI-DO Sostenido, y sostenida es la imagen de la gente que mueve los pies al ritmo de nuestra locura.

El sonido del bajo es la arremetida de un toro ciego y hambriento que mantiene a raya a su torero. Los acordes llorosos y rabiosos de Erick son ramos de Mala hierba incendiada que caen por kilos desde arriba.

PUM! TUM TUM CRASH!!!
Omar, sus golpes sobre los tones. Electroshock, agujas clavándose delicadas en los poros. El bombo es un corazón agitado en cópula nerviosa sobre una fogata.
La imagen se dibuja interminable sobre las paredes pintadas de blanco, y blanco es un lugar donde no se hace nada.

La voz de Alejandro es el sonido de pájaros enfermos que chocan deliciosos entre si, misma película de Hitchcock. Luego no queda nada sagrado solo es eso y punto.

 



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